Ovejas negras en el redil, los pelirrojos deben navegar contra cantidad de prejuicios, estigmas sociales ligados su esencial alteridad. Suelen ser objeto de curiosos fenómenos de atracción-repulsión. En su autobiográfico Poil de carotte, Jules Renard, barbitaheño él hasta en el apellido, da testimonio de cómo se construye una personalidad conflictiva cuando se crece al centro -cuando se es el foco rojo- de tales zonas de turbulencia. En el caso particular de Renard, la indefensión amorosa -estragos en un corazón que latía con demasiada pasión- la hizo derivar hacia la misoginia, pero acaso resulte abusivo colegir una relación de causa a efecto entre su condición de pelirrojo y cada aforismo misógino de su diario.